Sonido y sensibilidad, el arte de escuchar

El sonido en nuestros días es un vínculo de comunicación que la tecnología ha diversificado en múltiples formatos y medios de registro y reproducción que son los que normalmente identificamos en nuestra vida cotidiana. Pero a la hora de percibirlos, unas veces oímos simplemente y otras escuchamos mostrando una atención especial a ese elemento sonoro que nos llama la atención, o cuando de una melodía se trata y nos connota un sentimiento de nostalgia, recuerdo, o alegría. Elementos que un artista, técnico o sencillamente una persona con suficiente sensibilidad y gusto puede transformar o recrearlos para el deleite de nuestros oídos.

El sonido es una de las percepciones que forman parte de nuestros sentidos a través del oído. Las diferentes especies animales, entre ellas el hombre, han desarrollado en mayor o menor medida la capacidad de discernir sonidos de diferente etiología y en un grado de precisión en la percepción que hace a quien los oye testigo, a veces único, del posible mensaje que pudiera significar o simplemente percibirlo a secas; no es lo mismo la percepción auditiva de un lince que la del hombre. Sin embargo una persona ciega será capaz debido a su carencia visual de oir e incluso escuchar sonidos que otras personas, que no tuvieran el oído lo suficientemente educado o acostumbrado, no podrían hacerlo a priori.

En una escena de la película sobre el insigne músico y cantante Ray Charles, titulada “Ray”, en la que el protagonista se encuentra en una mesa con una muchacha en un restaurante donde una ventana abierta está próxima a ellos, el protagonista le comenta a la muchacha si no oye el vuelo de un colibrí que en ese instante vuela agitando sus alas junto a las ramas de un
árbol cerca de la ventana. Ella al principio ni se imagina dónde puede estar el ave, pero cuando el cantante le hace esforzarse en oir, hasta el punto de escuchar, sorprendida comienza a percibir el vuelo del colibrí, que mucho antes el invidente protagonista ya habia percibido. Por eso cuando dejamos de oir para escuchar damos forma a un sentido, a un mensaje el cual queda impregnado -por así decirlo- en nuestro cerebro, de igual manera que un cuadro o una imagen quedara grabada en la retina de nuestros ojos y de forma latente en nuestra memoria.

Músicos y compositores, así como técnicos habituados a grabaciones y mezclas de diferentes fuentes sonoras, desarrollan un especial estímulo a la hora de percibir notas musicales, cuando se trata de éstas, o procuran dar el sentimiento al interpretarlas mediante un instrumento musical o en una grabación donde por ejemplo una orquesta con diferentes tonos instrumentales debe dar como resultado una melodía homogénea pero donde se puedan percibir los diferentes elementos sonoros ya sea percusión, metales, vientos o voces que conforman la canción o la melodía.

En un mundo eminentemente visual, el sonido queda a veces relegado a un concepto de segundo orden, siendo sólo tenido en cuenta en producciones musicales o afines, mientras en otros medios forma también ,o debería, un papel importante, desde efectos a comunicaciones. El estilo de cómo lo percibimos al oir o escuchar y aquello que nos connota, puede tranformarlo en un proceso creativo realmente apasionante.

Marcelino Leal García.